
He de remitirme a los tratados más antiguos, para darle algo de credibilidad al texto. Remitido pues, os voy a hablar de ese pequeño lujo, que solo muy pocos disfrutan, el sacapuntas eléctrico. Provisto de un magnetismo natural, su principal atrayente es ese agujero central, circular, inquietante como un caballo que se pose sobre un chino taxista.
Entras en un despacho e intentas no encontrarte con su figura. Su encanto intrínseco te oprime el alma. Haces como que miras por la ventana, pero no. Está ahi. Piensas "Cuántos lapiceros habrá desvirgado?". De alguna forma esta idea te excita, y deseas meter algo en ese agujero. Y aqui la primera contradicción. Sabes que si introduces cualquier cosa, será destruida. Es como un buen polvo con complicaciones. Así es un sacapuntas eléctrico.
Todo cambia cuando tú eres el ejecutivo. Estás ahi todo repantigado, forzando la sonrisa mientras te miras las uñas como lo haría un hombre (extendiendo el dorso de la mano, nada de flexionar los dedos). Te encuentras en tu bucle de decir: "Je jeeeeeeee, je jeeeeeeee" "Ai lalaaaa ai lalaaaaaa" (todo esto terminado por una sonrisilla estúpida). Y de pronto ves en el cubilete de los lápices, carne fresca. Nuevos lapiceros de una promoción de algún proveedor sin dinero para ofrecerte un Pilot, y decides castigar su pobreza. Porque cuando eres pobre, la verdad es que no caes en esta relación, pero la riqueza lleva implícito castigar a los pobres, es un proceso génico que se te activa al ver la cuenta bancaria, asi que de nada has de culparte.
Adelantas el brazo hacia la mesa en slow motion (eres un alto cargo, y estás solo en tu despacho, hay que hacer el gilipollas si o si). Y coges un lápiz mientras simulas su vocecilla "Nooooo Nooooo gran amo no me mateeeees". Y tu :" Hey baby, no me ha sido concedida la capacidad de discernir tu suerte. Soy un ejecutor" (te regodeas del diálogo inteligente entre ejecutor y ejecutivo, y piensas en pajearte más tarde para terminar de alcanzar la felicidad). Y entonces, lo introduces, y escuchas el sonido de craqueteo y destrucción. "Schhrrrhjijijiaakkk" Y sacas 3 cm menos de lápiz. Maravillosa sensación. Deseas experimentarla. Vivirla, alcanzar ese clímax de afilamiento. Y te asalta la eterna duda desde que está en tu propiedad. ¿Meteré el dedo? Y claro, sabes que no eres capaz, pero te encanta el riesgo de acercar el meñique como el que no quiere la cosa. Dices "Ai" y tiras los folios hacia donde está el sacapuntas. Los recoges, y mientras subes las manos hacia la mesa, tu meñique extendido se acerca a menos de un centímetro del foramen. Te asalta un escalofrío, y una risa tonta mientras te rascas la perilla. Le miras, él te mira. Y fantaseas con sus usos.
Usado como arma de guerra sería letal. Visualizas todo el frente moviéndose hacia los confederados, y tu llevas solo el estuchito con el sacapuntas eléctrico. Te encuentras finalmente con un ruso frente a frente. Lleva un Kalaschnikov, pero estás seguro de tu victoria. Te lanzas sobre él, le levantas el chaleco y aprietas el sacapuntas contra su barriga, hasta que una mini molla se mete en el agujeroy notas un ligero zumbido "Tzsssss", y ves como tu contrincante frunce el ceño, mientras que una heridita comienza a aparecer. Te aparta de un empujón y te mata. Pero ha merecido la pena.
Decides perfeccionar la idea, continuando con tu belicismo, y le otorgas la capacidad de utensilio de tortura. Y ya te imaginas en un zulo de Kazhjstán. Diciéndole a un kazajo : "Veeeeeeeeeenga mete el deeeeeedo. Chstttt. Mete el deeeeeeeeedo leñe. Oye! que no me entere yo que no lo haces eh". Y todo el mundo a tu alrededor aplaude y grita "Orgirga oaroiohrahr". Haces la seña de las dos pistolas con ambas manos, mientras el prisionero se afila los dedos. Tras esto los usa para perforar vuestras yugulares. Pero ha vuelto a merecer la pena.
Sin embargo, morir nunca es bueno. No demasiado. Necesitas un uso que no conlleve tu desaparición. Y finalmente lo encuentras. La cocina. Introducir zanahorias, bajocas, nabos y apios. Y como sabes que no hay mas cera que la que arde, decides montarte tu propio programa de cocina. En él meterias todo lo habido y por haber en el maravilloso orificio, sin importar sus dimensiones. Empujar un pavo de navidad durante 8 horas hasta afilarlo todo. Las luces del estudio apagadas. Suspensión de pagos. Audiencia nula.
Pero eres feliz, comes alimentos afilados, que ... si, podrían matarte, pero te gusta el riesgo, por eso tienes un sacapuntas electrónico.
Un saludo
Doc Orteza
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